Inicio Ámbitos de Actuación No soy minusválido ni discapacitado, simplemente tengo diversidad funcional

No soy minusválido ni discapacitado, simplemente tengo diversidad funcional

por Cristina de León

Durante años, las personas con diversidad funcional han sido discriminadas y no tratadas con normalidad en muchos ámbitos de la vida diaria. Los términos empleados para denominar al colectivo de personas con diversidad funcional juegan un papel primordial en el camino a la mejora de esta situación. Ya que las palabras llevan asociadas ideas y conceptos, a veces, no correspondientes con la realidad.

Si queremos huir totalmente de la discriminación, tendremos que eliminar ciertas palabras que denotan una connotación negativa asociadas a este colectivo. Como es el caso del término “minusválido” (menos válido) y “discapacitado” (no capaz de) cuya etimología es notablemente negativa.

Son palabras que están catalogadas como correctas en nuestra sociedad pero no por eso dejan de ser discriminatorias. Las escuchamos a menudo en la televisión y radio y las vemos reflejadas en nuestro alrededor (calles, aparcamientos, aseos, entradas y salidas, transporte e incluso en las propias leyes. No siempre se dicen de forma despectiva, también se usan con normalidad o por simple vagancia verbal.

Sin embargo en enero de 2005 se abre el debate y se crea un nuevo concepto para denominar a este colectivo. Es en el Foro de Vida independiente, donde se propuso emplear un nuevo término para designarlo, “mujeres y hombres con diversidad funcional”. Un concepto que apuesta por una visión más integradora al no entrar en la línea de denominaciones que sugieren una «normalidad». “Mujeres y hombres” (que quieren y necesitan vivir con los mismos derechos que todos los demás tal y como se recoge en la ONU). “Diversidad” (refleja la diferencia con lo que es habitual en la mayoría de la especie humana) y por último, “funcional” (relativo a las funciones de los órganos o partes del cuerpo). Todos somos iguales, con nuestras diferencias funcionales.

Se trata de un término correcto semánticamente hablando en nuestro lenguaje y recoge a la perfección los conceptos que queremos expresar sin necesidad de discriminar ni aminorar a nadie.

Desde este espacio, empujo a hacer uso de la empatía y a reflexionar sobre el término, y es que realmente, ¿cómo preferiríamos que nos denominara la sociedad? ¿Personas discapacitadas, minusválidas o mujeres y hombres con diversidad funcional? Lo ideal sería no tener que necesitar un término para ello, pero eso será una lucha mucho mayor y quizá utópica. Y cerramos este post con una frase del gran John F. Kennedy: “no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”.

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