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Las mujeres hacen el 52% del trabajo mundial

por Cristina de León

La realidad es que las condiciones con las que las mujeres acceden a sus puestos de trabajo siguen siendo desiguales con respecto a las de los hombres.  Las mujeres con hijos cobran un 5% menos.

La brecha salarial sigue siendo enorme. Según el Informe de Desarrollo Humano 2015 de Naciones Unidas, se revela que las mujeres ganan un 24% menos que los hombres y que apenas ocupan el 25% de los puestos administrativos. A todo esto, su contribución al trabajo mundial es del 52%. Es decir, las mujeres hacen más de la mitad del trabajo mundial.

La posición de las mujeres en el mercado laboral se perpetua de forma ilícita. El estudio publicado por Naciones Unidas confirma que la desigualdad es patente en los puestos de dirección, donde el 32% de las empresas no tienen a ninguna mujer en los cargos directivos superiores y ellas tan solo ocupan el 22% de los escaños en los parlamentos.

Tampoco en el plano político han conseguido igualar su posición con la de los hombres. Muy a pesar de todo eso, son las mujeres las que realizan el 52% del trabajo a nivel mundial.

Lamentablemente, gran parte de este trabajo es no remunerado. Tres de cada cuatro horas de trabajo no pagado están realizadas por las mujeres, mientras que en los hombres la proporción es de dos de cada tres.

A esto hay que sumarle el hecho de que las mujeres son las que habitualmente asumen el trabajo en el hogar y el cuidado de los miembros de la familia, tanto por lo que respecta a hijos como a enfermos o personas mayores.

La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha pedido medidas urgentes para mejorar la situación de las mujeres y de las madres en el mundo. No hay que perder de vista que en el último año, la brecha salarial entre hombres y mujeres en España ha crecido de manera considerable, situándose en 3,2 puntos, mientras que por lo general, en otros países de la Unión Europea, estas diferencias se han visto reducidas.

Solucionar esta problemática y poner fin a la desigualdad entre hombres y mujeres debe pasar por los parlamentos, cuya obligación es la de proporcionar políticas que beneficien la flexibilidad y la conciliación familiar, además de garantizar unos salarios igualitarios y el acceso a puestos de responsabilidad.

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